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Sinopsis
En 1928, el artista comercial Hal Foster aceptó el encargo de adaptar la novela de Edgar Rice Burroughs Tarzán de los monos en un cómic para periódicos, en blanco y negro y en 60 entregas. Al principio, ningún periódico estadounidense lo quiso, así que se estrenó en Inglaterra, con gran éxito. Cuando los diarios de Estados Unidos se interesaron y le pidieron más, Foster declinó la oferta. Solo en 1931, con la Gran Depresión amenazando a su familia con el hambre, aceptó encargarse de una página dominical a todo color, aunque seguía llamando a ese trabajo mal pagado “un plato de lentejas”.
Ese plato de lentejas lo alimentó durante los siete años siguientes, mientras Tarzán se convertía en el primer cómic de aventuras y en una de las tiras dominicales más queridas de Estados Unidos. Aunque los periódicos se quejaban de la violencia (Burroughs replicó que el éxito de Tarzán se debía a una “debilidad humana por las situaciones sangrientas y macabras”) y de la constante desnudez (las notas del guionista pedían “desnudos femeninos en abundancia”), los lectores quedaron fascinados por las aventuras de Tarzán con antiguos egipcios, criminales modernos, vikingos, dinosaurios, simios asesinos y toda una sucesión de reinas y princesas altamente provocadoras, hasta que Foster cedió la tira a Burne Hogarth a mediados de 1937.
Producido a partir de periódicos originales, conservando el color y la textura del proceso de punteado Ben Day característico de los cómics vintage, el Tarzán de Hal Foster le devolverá a las mañanas de domingo, tumbado boca abajo sobre la alfombra del salón, con los tebeos extendidos ante usted, perdido en un mundo de aventuras exóticas mientras mamá le prepara el desayuno.